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Dia Internacional de la Juventud. Las ideas sin colores, toman la palabra

Hay ocasiones en que un programa de televisión deja de ser solamente un programa.

Eso ocurrió en Crónica Política, donde Isabel Posadas y quien escribe abrimos el espacio para que los jóvenes dejaran, por un momento, de ser espectadores de la política y se convirtieran en protagonistas de una conversación que pocas veces tienen oportunidad de sostener frente a frente.

La convocatoria tenía una condición muy sencilla: aquí no venían a representar a sus partidos; venían a debatir ideas.

Puede parecer una regla elemental, pero en la política mexicana no siempre resulta fácil entenderla. Algunos de los participantes, por momentos, parecieron olvidar que la invitación no era a defender colores partidistas, sino argumentos. Y sí, hubo momentos en los que aparecieron las etiquetas, las referencias a gobiernos, partidos y personajes políticos.

Pero también ocurrió algo mucho más importante: las ideas fluyeron.

Y eso fue precisamente lo que buscábamos.

En el marco del Día Internacional de la Juventud, reunimos a 16 jóvenes con distintas formas de entender la política. Estuvieron Charlie, Andrick, Paola, Manuel, Christopher, Majo, Arturo Reséndiz, Paloma, Eduardo, Diego, Ana Pao, Astrid, Emiliano, Imanol, Jairo y Arturo Host.

Dieciséis voces.

Dieciséis maneras de mirar la realidad.

Y una misma mesa.

La juventud sí quiere hablar de política

Hay una frase que hemos escuchado demasiadas veces: a los jóvenes no les interesa la política.

Ese día quedó demostrado que, por lo menos, no podemos seguir repitiéndola como una verdad absoluta.

Todos los jóvenes invitados asistieron.

Ninguno canceló.

Ninguno puso como pretexto la agenda.

Todos quisieron estar.

Y eso me parece particularmente importante porque muchas veces hemos invitado a políticos con mucha experiencia, cargos importantes y responsabilidades enormes, y nos han dejado esperando por problemas de agenda.

Ese día, en cambio, tuvimos 16 jóvenes dispuestos a invertir su tiempo en hablar de política.

Quizá el problema no es que los jóvenes no quieran participar.

Quizá el problema es que no siempre les damos espacios para hacerlo.

Por eso Isabel y yo coincidimos en que este tipo de ejercicios deben repetirse.

Primer round: ¿prohibir es proteger?

El primer tema fue uno de los asuntos más polémicos de la agenda queretana: la llamada Ley Kuri, planteada con el propósito de proteger a niñas, niños y adolescentes frente a los riesgos del entorno digital, incluyendo restricciones al uso de teléfonos inteligentes en las escuelas y al acceso de menores a redes sociales.

Isabel abrió el debate con una pregunta que parecía sencilla, pero que terminó siendo el centro de toda la discusión:

¿Qué tan útil es prohibir?

Majo fue de las primeras en tomar el micrófono. Su postura fue clara: prohibir no necesariamente resuelve el problema; lo que se necesita es regular y, sobre todo, educar.

Habló de la necesidad de que los jóvenes aprendan a utilizar la tecnología, distinguir información falsa, reconocer discursos de odio y comprender los riesgos de las redes sociales.

Paloma defendió la postura contraria.

Puso sobre la mesa el problema del ciberacoso y la preocupación de padres de familia. Su argumento fue que, ante determinados riesgos, establecer límites también puede ser una forma de protección.

Y ahí comenzó realmente el debate.

Jairo cuestionó que una prohibición pudiera resolver el problema de fondo y sostuvo que, en lugar de atacar las herramientas, habría que enfrentar las causas del ciberacoso.

Arturo Host fue todavía más crítico con el prohibicionismo y defendió la necesidad de formar a los jóvenes para comprender los riesgos y aprovechar la tecnología como herramienta.

Andrick propuso algo concreto: educación digital inteligente dentro de las escuelas.

Eduardo defendió la necesidad de establecer límites en los planteles y recordó que los adolescentes atraviesan una etapa de desarrollo en la que el ciberacoso puede tener consecuencias particularmente graves.

Imanol habló de adultocentrismo y cuestionó que desde el mundo adulto se considere que niñas, niños y jóvenes son incapaces de aprender a utilizar responsablemente las nuevas tecnologías.

Charlie llevó la discusión hacia otro terreno: ¿cómo se implementaría realmente una prohibición? ¿Cómo sabrían las plataformas la edad de quien intenta abrir una cuenta? ¿Qué pasaría con los datos personales de los menores?

Paola insistió en que la protección debe atacar las causas y no únicamente restringir el acceso.

Diego llevó el debate hacia otros problemas emergentes: las apuestas digitales y los retos que traerá la inteligencia artificial.

Ana Pao cuestionó que la propuesta no abordara con suficiente profundidad asuntos como los algoritmos diseñados para generar adicción, la publicidad dirigida a menores y la inteligencia artificial.

Y así, casi sin darnos cuenta, el debate había dejado de ser simplemente “celular sí o celular no”.

Los jóvenes estaban hablando de educación digital, inteligencia artificial, ciberacoso, privacidad, apuestas, publicidad, algoritmos y responsabilidad de las plataformas.

Ese fue quizá uno de los mejores momentos del programa.

Porque demostraron que cuando se les da el espacio, los jóvenes no solamente tienen opinión: también tienen propuestas.

Y apareció la política

Por supuesto que hubo momentos en que el debate regresó al terreno partidista.

Hubo alusiones personales.

Hubo cuestionamientos.

Hubo respuestas.

Hubo frases que probablemente no habrían aparecido si todos hubiéramos seguido estrictamente aquella regla inicial de debatir ideas y no partidos.

Pero también hubo algo saludable: nadie se quedó callado.

Y en un debate, eso también importa.

Segundo round: ¿quién defiende a las audiencias?

Después del corte llegó un tema todavía más delicado: la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum para fortalecer la defensa de las audiencias, una propuesta que todavía se encuentra en estudio y que ha sido llevada a distintos foros antes de definir su alcance.

Aquí la discusión adquirió otra dimensión.

Como periodistas, Isabel y yo planteamos desde el inicio una preocupación: defender a las audiencias no puede significar censurar a los medios.

Porque una cosa es combatir la mentira, distinguir información de opinión, garantizar derechos de réplica y establecer mecanismos de protección para las audiencias.

Y otra muy distinta sería permitir que una autoridad decida qué se puede decir y qué no.

Arturo abrió este bloque cuestionando quién tendría la facultad para determinar qué es verdad y qué no.

Astrid respondió desde una posición crítica hacia quienes, desde su perspectiva, utilizan la libertad de expresión para desinformar.

Christopher defendió la existencia de derechos para las audiencias y destacó la necesidad de que los ciudadanos puedan recibir información veraz, distinguir hechos de opiniones y contar con mecanismos para presentar quejas o solicitar rectificaciones.

Emiliano planteó una pregunta que resume buena parte del problema:

¿Quién vigila a los vigilantes?

Y el debate volvió a dividirse.

Desde Acción Nacional se expresó el temor de que una mayor intervención del Estado pueda terminar convirtiéndose en censura.

Desde la izquierda se defendió la necesidad de fortalecer los derechos de las audiencias y de establecer mecanismos para diferenciar claramente entre información, opinión, publicidad y contenido patrocinado.

Jairo hizo una de las preguntas más interesantes del bloque: si la propuesta establece recomendaciones y mecanismos de defensa para las audiencias, ¿dónde está exactamente el mecanismo que permitiría ejercer la censura?

La pregunta obligó a llevar la discusión de los discursos políticos a los mecanismos concretos.

Ana Pao insistió en que no debería ser complicado señalar cuándo se está presentando un hecho y cuándo se está expresando una opinión.

Andrick habló de la necesidad de que los medios cuenten con mecanismos de autorregulación y ética.

Charlie recordó que el debate sobre los derechos de las audiencias no nació con el actual gobierno y que existen antecedentes desde 2013.

Majo expresó la preocupación de que una estructura regulatoria pueda terminar concentrando demasiado poder en el Ejecutivo.

Paloma respondió desde la oposición, señalando precisamente el riesgo de que las nuevas reglas puedan ser utilizadas contra medios críticos.

Y otra vez aparecieron los partidos.

Morena.

PAN.

Movimiento Ciudadano.

PRI.

Venezuela.

Gobiernos anteriores.

Medios de comunicación.

La polarización volvió a entrar por la puerta.

Pero detrás de ella seguía estando la pregunta importante:

¿Cómo protegemos a las audiencias sin poner en riesgo la libertad de expresión?

Esa es, probablemente, la discusión que realmente vale la pena continuar.

No se trata de quién ganó

Al terminar el programa, Isabel y yo coincidimos en algo.

No se trataba de declarar un ganador.

Tampoco de determinar qué partido había presentado mejores argumentos.

El verdadero objetivo era mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil:

poner a los jóvenes a pensar en voz alta.

Y lo hicieron.

Con aciertos.

Con errores.

Con preparación.

Con pasión.

Con momentos en los que los argumentos fueron más fuertes que las descalificaciones y otros en los que ocurrió exactamente lo contrario.

Pero estuvieron ahí.

Eso ya es importante.

Yo quise aprovechar el cierre para hacer un llamado particularmente a la oposición.

La democracia necesita oposición.

Pero necesita una oposición que mire hacia adelante, que forme jóvenes, que les dé espacios y que entienda que una nueva generación no puede construirse solamente repitiendo los discursos del pasado.

Los jóvenes que participaron desde posiciones opositoras demostraron que pueden defender sus ideas y hacerse escuchar aun siendo minoría.

Y los jóvenes de izquierda demostraron también que hay una generación que se está preparando, que estudia y que conoce los temas que están en la discusión pública.

Cuando se acaban los argumentos

Isabel hizo al final una reflexión que me parece que merece quedarse como una de las conclusiones de este encuentro.

Cuando se acaban los argumentos empiezan los insultos.

Y en un país polarizado, utilizar la palabra para destruir es demasiado fácil.

Lo verdaderamente difícil es utilizarla para construir.

Eso también es responsabilidad de quienes hacemos comunicación.

Y por eso la reflexión de Isabel me parece fundamental: podemos pensar diferente sin convertir al que piensa distinto en nuestro enemigo.

La política necesita confrontación de ideas.

La democracia necesita oposición.

El periodismo necesita libertad.

Y los jóvenes necesitan espacios.

Quizá por eso el título de esta crónica resume mejor lo que intentamos hacer aquella tarde:

Las ideas, sin colores, toman la palabra.

Porque más allá de Morena, PAN, Movimiento Ciudadano, PRI o cualquier otra sigla, hay algo que debería estar por encima de todos los partidos:

la capacidad de pensar.

Y si algo nos dejaron esos 16 jóvenes fue precisamente eso.

La certeza de que la juventud no está ausente.

Está esperando que le abramos el micrófono.

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