Una nueva encuesta publicada por El Heraldo encendió las alarmas en la política queretana. Por primera vez en mucho tiempo,
Morena aparece con ventaja como partido rumbo a la gubernatura. La pregunta obligada es: ¿qué cambió?Hay, por lo menos, tres explicaciones.
La primera es el efecto de la movilización. Los doce aspirantes que buscan convertirse en coordinadores de la Defensa de la Cuarta Transformación dejaron de esperar los tiempos políticos y comenzaron a recorrer el estado.
Más allá de la competencia interna, lograron reactivar una estructura territorial que ya era amplia y que ahora vuelve a tocar puertas, organizar reuniones y colocar a Morena en el centro de la conversación pública.
Mientras unos ven división, también puede verse un partido vivo, en movimiento y con capacidad de organización.La segunda explicación está en la otra acera.
Acción Nacional ha cometido errores que le están costando políticamente. El caso más reciente fue la polémica por el intento de enajenar predios municipales para particulares, una decisión que desató críticas y cuestionamientos públicos. A ello se sumó la justificación de que los recursos serían destinados, entre otras cosas, a combustible para la operación del municipio, un argumento que abrió todavía más el debate sobre las prioridades del gasto público.
Cuando una administración ha ejercido miles de millones de pesos en gasto corriente, resulta inevitable que la ciudadanía pregunte: ¿de verdad esa era la única salida? La percepción de un gobierno eficiente comienza a desgastarse cuando las decisiones generan más dudas que confianza.Y existe una tercera posibilidad que nunca puede descartarse en la política mexicana: que la encuesta responda a intereses de quien la financió.
No sería la primera vez que una medición intenta influir en la opinión pública. Sin embargo, al revisar con detalle los números, aparece un dato que vale más que cualquier sospecha: Morena lidera como partido, pero los perfiles individuales del PAN todavía superan, en varios casos, a los aspirantes morenistas.La explicación parece sencilla.
Morena tiene una larga lista de contendientes y todos compiten por el mismo electorado interno. Esa multiplicidad fragmenta las preferencias.
No es que el partido sea débil; es que sus propios aspirantes se dividen el respaldo ciudadano. En contraste, el PAN concentra su fuerza en menos figuras.Por eso, para Morena, el reloj ya empezó a correr.
La definición de la candidatura no puede prolongarse indefinidamente. Necesita un proceso que no solo elija al mejor perfil, sino que también construya una auténtica operación cicatriz capaz de unir a todos los grupos.
De lo contrario, una ventaja partidista podría evaporarse antes de que inicie la campaña constitucional.Y para los azules, el mensaje también es claro.
Las encuestas no ganan elecciones, pero sí envían advertencias. Si quieren conservar Querétaro, tendrán que demostrar con resultados que saben gobernar, corregir los errores que hoy los desgastan y dejar atrás las decisiones que alimentan la percepción de malos manejos.
¿Se rompió el hechizo azul?. La gran incógnita es si estamos frente al inicio de un cambio político histórico o solamente ante el primer temblor de una elección que promete ser la más competida que haya vivido Querétaro.

