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La justicia abre sus puertas

Hay lugares que imponen respeto antes de cruzar la puerta. El Centro de Justicia Penal Federal en Querétaro es uno de ellos.

Durante años, miles de ciudadanos han escuchado hablar de audiencias, jueces de control, procesos penales, imputaciones y sentencias, pero muy pocos han tenido la oportunidad de mirar desde dentro el lugar donde esas decisiones cobran vida. Es un espacio rodeado de protocolos de seguridad, silencio institucional y una solemnidad que suele convertirlo en un territorio desconocido para la mayoría de los mexicanos.

Por eso, cuando recibí la autorización para ingresar con cámaras al Centro de Justicia Penal Federal, no lo entendí únicamente como un permiso periodístico. Lo asumí como un privilegio y, sobre todo, como una responsabilidad.

Agradezco profundamente la disposición de la jueza federal Liliana Infante para permitir este acceso. No es un gesto menor. En un país donde con frecuencia el Poder Judicial ha sido percibido como lejano, abrir sus puertas representa un mensaje poderoso: la justicia también puede explicarse, conocerse y observarse.

Mientras recorría los pasillos del recinto, era imposible no pensar en las miles de historias que diariamente llegan hasta esos juzgados. Personas privadas de la libertad, víctimas, defensores, fiscales, familias enteras que depositan ahí la esperanza de encontrar una resolución conforme a derecho.

No son escenarios de televisión. Son espacios donde cada decisión puede cambiar el rumbo de una vida.

Fue precisamente ahí donde la jueza Liliana Infante decidió cumplir una promesa que había realizado durante su campaña para ocupar el cargo mediante el voto ciudadano: acercar la justicia a las personas.

«Quiero que la gente sepa dónde estoy, qué hago y cómo desempeño este encargo», me comentó durante la entrevista. Una frase sencilla, pero que rompe con una tradición de discreción casi absoluta dentro del Poder Judicial Federal.

La conversación permitió conocer una realidad poco visible.

Actualmente, apenas cuatro jueces federales atienden la materia penal en Querétaro y, además, reciben asuntos provenientes de Guanajuato, una carga de trabajo que prácticamente elimina la noción de horarios laborales.

No existen jornadas de ocho horas cuando hay personas esperando una resolución judicial. Las audiencias pueden extenderse durante horas y las decisiones deben emitirse con oportunidad porque, detrás de cada expediente, existe una persona cuya libertad o derechos dependen de la actuación del juzgador.

Liliana Infante habló de esa responsabilidad con serenidad, pero también con la conciencia de quien sabe que cada resolución será revisada y, eventualmente, apelada por alguna de las partes.

Explicó que un juez penal debe mantener absoluta imparcialidad entre la Fiscalía y la defensa, procurando que el procedimiento se conduzca siempre con estricto apego a la ley. Esa imparcialidad es, al final, la esencia de la función jurisdiccional.

Otro de los temas que abordamos fue la reciente evaluación nacional aplicada a jueces y magistrados electos por voto ciudadano.

Lejos de evadir el tema, aseguró que, en cuanto reciba sus resultados, los hará públicos, independientemente de que sean favorables o no.

«Los ciudadanos tienen derecho a conocerlos», afirmó.

Ese compromiso con la rendición de cuentas también se reflejará en septiembre, cuando presente un informe de actividades al cumplir un año como jueza federal. No solamente dará a conocer el número de resoluciones y audiencias realizadas, sino que buscará demostrar a la ciudadanía cómo ha ejercido la confianza que le fue otorgada en las urnas.

Durante la entrevista también reconoció el trabajo institucional de quienes hacen posible el funcionamiento cotidiano del Centro de Justicia Penal Federal, entre ellos la magistrada Celia Maya, presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial; Eliel Rangel Villafaña, titular de la Unidad de Consolidación del Nuevo Sistema de Justicia Penal, y Daniel Claudio Calderón Ochoa, administrador del Centro de Justicia Penal Federal en Querétaro.

Antes de concluir nuestra conversación, la jueza hizo una invitación que merece ser escuchada.

Convocó a los estudiantes de Derecho a asistir a las audiencias públicas y conocer desde dentro el funcionamiento del sistema penal acusatorio. Considera que observar directamente el trabajo jurisdiccional constituye una herramienta de aprendizaje mucho más valiosa que cualquier libro.

Al abandonar el edificio pensé que, quizá, el mayor valor de esta entrevista no fueron las respuestas obtenidas, sino la posibilidad de mostrar un espacio que normalmente permanece oculto para los ciudadanos.

La confianza en las instituciones no se construye únicamente con sentencias; también se fortalece cuando sus puertas dejan de ser muros y se convierten en ventanas.

Ese día, el Centro de Justicia Penal Federal de Querétaro dejó entrar a una cámara. Pero, sobre todo, permitió que los ciudadanos miraran, aunque fuera por unos minutos, cómo funciona uno de los poderes más importantes del Estado mexicano.

Y en tiempos donde la justicia suele juzgarse desde la distancia, acercarla a la sociedad puede ser el primer paso para comprenderla.

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