Hay entrevistas que terminan cuando se apagan las cámaras y hay otras que dejan más preguntas que respuestas. La conversación con la regidora de El Marqués, Leilani Ordóñez, pertenece a este último grupo.Lejos de la imagen de una integrante de Cabildo que simplemente acude a levantar la mano, Leilani mostró una actitud crítica, preparada y comprometida con la responsabilidad que le otorgaron los ciudadanos. Es una joven política que entiende que fiscalizar también es gobernar y que el trabajo de un regidor no consiste en aprobar todo lo que propone la administración municipal, sino en revisar, cuestionar y exigir explicaciones cuando existen dudas sobre el manejo de los recursos públicos.Su voto en contra de la modificación al Programa Anual de Obras no fue, según explicó, un rechazo a la obra pública. Fue un voto contra la falta de planeación.Durante la entrevista expuso que recursos federales provenientes de programas como FORTAMUN fueron incorporados al programa de obras cuando ya habían transcurrido varios meses del ejercicio fiscal. Para ella, esa decisión refleja una administración que no planeó adecuadamente desde el inicio del año y que ahora corre el riesgo de ejercer los recursos con premura o, en el peor de los casos, tener que devolverlos.Más allá de los tecnicismos presupuestales, el tema revela algo más profundo. El municipio de El Marqués administra cerca de tres mil millones de pesos para una población cercana a los 300 mil habitantes. Se trata de uno de los municipios con mayor capacidad financiera de Querétaro. Precisamente por ello, la ciudadanía tendría derecho a esperar una planeación impecable, especialmente después de tantos años de gobiernos encabezados por el mismo partido político.Resulta difícil entender cómo una administración con esa experiencia puede enfrentar cuestionamientos relacionados con la programación de recursos públicos. Gobernar durante tantos años debería traducirse en instituciones más eficientes, procesos mejor estructurados y presupuestos cuidadosamente planeados.Leilani también llamó la atención sobre una diferencia de varios millones de pesos que, afirmó, no quedó plenamente explicada durante la sesión de Cabildo, además de señalar la ausencia de documentación suficiente para respaldar las modificaciones presentadas. Son observaciones que merecen respuestas claras por parte de la autoridad municipal.Al escucharla, inevitablemente surge una reflexión. En muchas ocasiones la política termina privilegiando la popularidad por encima de la preparación. Cuando los ciudadanos elegimos representantes únicamente por su imagen o por la fuerza de una campaña, corremos el riesgo de construir gobiernos donde pocos cuestionan y muchos simplemente obedecen.Por eso resulta valioso encontrar perfiles que asumen con seriedad su responsabilidad institucional. La democracia necesita más regidores que estudien los expedientes, hagan preguntas incómodas y estén dispuestos a votar en contra cuando consideran que existen irregularidades, aunque eso implique enfrentar la presión política.La entrevista dejó una conclusión clara: el verdadero debate no es si habrá obras, sino si el dinero público se administra con la planeación, la transparencia y la responsabilidad que merecen los ciudadanos de El Marqués.Y esa vigilancia apenas comienza.

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