Los derechos no tienen partido: o son para todos, o no son derechos
Hay algo que me preocupa más que una sentencia por violencia política contra las mujeres en razón de género: que la defensa de los derechos de las mujeres parezca depender de quién es la mujer que denuncia y de qué partido pertenece.
Porque entonces ya no estamos hablando de justicia.Estamos hablando de conveniencia.Recientemente conocimos un nuevo caso de violencia política en razón de género.
Una sentencia obliga a un periodista y a un abogado a pagar una multa, tomar un curso y ofrecer una disculpa pública. Los sancionados ya han manifestado su negativa a cumplir con estas medidas y, a partir de ahí, comenzó otro debate: ¿la sentencia constituye una agresión contra la libertad de expresión?Es una pregunta legítima.
Pero hay otra que me parece todavía más incómoda:¿Por qué algunos comunicadores que en otros casos fueron implacables defensores de las mujeres hoy guardan silencio?Y no hablo solamente de periodistas.
Hablo también de quienes en otras circunstancias hicieron publicaciones, caricaturas, señalamientos, insultos y descalificaciones. Incluso de quienes se asumieron públicamente como activistas y defensores de los derechos de las mujeres.
Hoy, ante este caso, algunos parecen haber desaparecido de la discusión. Otros cuestionan abiertamente la sentencia. Y otros, simplemente, no le dan voz a la denunciante para que pueda expresar públicamente su posición frente a la resolución.¿Por qué?No puedo responder por ellos.
Pero es inevitable preguntárselo.Porque la denunciante es Astrid Ortega, presidenta municipal de Cadereyta, militante de Morena y una de las figuras que busca encabezar la llamada coordinación de la defensa de la soberanía de la Cuarta Transformación.
Y entonces aparece una pregunta incómoda:¿Si la denunciante no fuera una mujer de izquierda, estaríamos viendo exactamente la misma reacción?Aquí es donde creo que debemos detenernos.
Porque hay una paradoja que me parece todavía más preocupante.Cuando la denunciante es una mujer de izquierda, como en este caso, inmediatamente aparecen quienes cuestionan la resolución y hablan de censura, de ataques a la libertad de expresión o de que se está utilizando la violencia política en razón de género para silenciar periodistas.
Pero cuando el periodista señalado también es de izquierda, la historia puede cambiar radicalmente.Entonces aparecen los señalamientos, las descalificaciones y los intentos de convertirlo públicamente en responsable de violencia contra una mujer.
Es decir: pareciera que, en determinados círculos, ser de izquierda se convierte en un problema en cualquiera de los dos lados.
Si eres una mujer de izquierda y ganas una sentencia, te pueden acusar de utilizar el poder para censurar.Si eres un periodista de izquierda y eres denunciado, pueden utilizar esa denuncia para desacreditarte, exhibirte o atacarte.Y eso es precisamente lo que no debería ocurrir.Porque entonces la discusión deja de ser sobre derechos.
Deja de ser sobre justicia.Y empieza a ser sobre quién eres políticamente.La violencia política en razón de género no puede convertirse en una causa partidista.No puede defenderse cuando la víctima es nuestra aliada y cuestionarse cuando políticamente nos incomoda.
Pero tampoco puede utilizarse una denuncia para construir una condena mediática antes de que termine el proceso jurídico.Una cosa es reconocer el derecho de una mujer a denunciar.
Y otra muy distinta es convertir esa denuncia en una herramienta para destruir públicamente a quien fue denunciado.Y aquí quiero hablar desde mi propia experiencia, porque sería muy fácil escribir esto mirando solamente hacia afuera.
Yo también fui denunciado por violencia política en razón de género.Yo también fui sancionado.Y también he cuestionado una resolución judicial.Lo hice utilizando las vías legales que existen.
Cuestionar una sentencia no significa estar en contra de los derechos de las mujeres.Del mismo modo, defender a una mujer que denuncia no significa automáticamente estar de acuerdo con todo lo que diga ni con todo lo que resuelva un tribunal.
En un Estado de derecho caben las dos cosas.Tenemos derecho a denunciar aquello que consideramos injusto.
Tenemos derecho a defendernos.
Tenemos derecho a impugnar.
Y los tribunales tienen una responsabilidad enorme: dar certeza jurídica, explicar sus decisiones y garantizar los derechos de todas las partes.
Eso incluye a la denunciante.Y también al denunciado.En mi caso decidí llevar la discusión a otra instancia.
Mi asunto llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y recientemente recibí una comunicación en la que se me informó que se está avanzando hacia una posible solución amistosa con el Estado mexicano.
Eso no significa que la Comisión haya declarado que yo tengo la razón ni que haya determinado que existió una violación a mis derechos.Pero sí significa que mi inconformidad encontró otra vía institucional para ser analizada.
Y eso es justamente lo que debería hacer un Estado de derecho: permitir que una persona cuestione una decisión que considera injusta sin convertir ese cuestionamiento en una condena social.
Porque una sentencia no convierte automáticamente a una persona en villano.Y una denuncia tampoco convierte automáticamente a una persona en víctima.Para eso existen los tribunales.
Para eso existe el derecho de defensa.Para eso existen los recursos.Y para eso debería existir también el periodismo.
Para preguntar.
Para cuestionar.
Para escuchar a todas las partes.
No para decidir de antemano quién es bueno y quién es malo dependiendo de su filiación política.
Porque cuando la violencia política en razón de género se convierte en un arma de demostración mediática, algo se rompe.
Una herramienta creada para combatir la violencia termina siendo utilizada para generar otra forma de violencia: mediática, digital y política.
Y entonces podemos llegar a un absurdo.Si ganas una sentencia siendo una mujer de izquierda, algunos dirán que utilizaste la ley para censurar.
Si eres un periodista de izquierda y eres sancionado, otros utilizarán la sanción para atacarte y desacreditar todo tu trabajo.
En ambos casos, parece que el problema no es lo que dice la ley, sino quién eres tú.
Eso es profundamente peligroso.Porque los derechos humanos no pueden funcionar bajo esa lógica.No pueden depender de simpatías.No pueden depender de partidos.No pueden depender de si la persona que denuncia nos cae bien.Y tampoco pueden depender de si la persona denunciada piensa como nosotros.
Los periodistas tenemos una responsabilidad todavía mayor.No podemos convertirnos en porristas de una causa dependiendo de quién la encabeza.
No podemos exigir perspectiva de género cuando nos conviene y olvidarla cuando incomoda a nuestros aliados.
No podemos defender la libertad de expresión solamente cuando sancionan a alguien con quien coincidimos.La libertad de expresión no es patrimonio de una ideología.
Los derechos de las mujeres tampoco.
Y la justicia mucho menos.
Yo prefiero equivocarme defendiendo la libertad de expresión de alguien con quien no estoy de acuerdo, que acertar defendiendo la censura de alguien que políticamente me incomoda.
Y prefiero defender el derecho de una mujer a denunciar, aunque políticamente no coincidamos.
Porque los derechos no deberían tener partido.O son derechos para todos, o simplemente no son derechos.

