Todavía faltan meses para que comiencen formalmente las campañas electorales rumbo a 2027, pero en Querétaro ya sonó la primera campana.
Lo curioso es que los protagonistas todavía no se suben al ring. Prefieren pelear en los pasillos, en las conferencias de prensa, en las redes sociales y, por supuesto, en los micrófonos amigos. Pareciera que algunos entendieron que hacer política consiste en generar titulares, aunque las propuestas sigan esperando.
La primera campana la lanzó el dirigente estatal del PAN, Martín Arango, al anunciar que denunciará todos los presuntos actos anticipados de campaña de Morena. Hasta ahí, cualquiera pensaría que se trata de una defensa de la legalidad. El problema aparece cuando la lupa sólo apunta hacia un lado.
Porque mientras se anuncian denuncias contra perfiles de Morena, también hay personajes de Acción Nacional que desde hace meses aparecen en espectaculares bajo el pretexto de promocionar revistas, entrevistas o iniciativas. Si eso no constituye promoción anticipada, entonces alguien tendrá que explicar cuál es la diferencia. La ley debería ser igual para todos, no un traje a la medida según el color del partido.
De lo contrario, el mensaje deja de ser una defensa de la legalidad y se convierte en el primer golpe de una contienda que oficialmente todavía no comienza.
Pero si de peleas hablamos, pocas tan llamativas como la que protagonizan el diputado Ulises Gómez de la Rosa y el diputado panista Enrique Correa Sada. Desde la elección en Santa Rosa Jáuregui, esa rivalidad política parece haberse transformado en una batalla personal.
El propio Ulises Gómez de la Rosa ha sostenido que las presiones comenzaron prácticamente desde el día en que recibió su constancia de mayoría. Después vinieron los desencuentros en el Congreso, las disputas por espacios de decisión, los enfrentamientos públicos y una larga lista de episodios que han mantenido vivo un conflicto que parece no tener fecha de conclusión.
Hoy la nueva manzana de la discordia se llama municipalización de Santa Rosa Jáuregui.
Mientras Ulises Gómez de la Rosa ha recorrido comunidades, impulsado comités ciudadanos y promovido la iniciativa como una demanda histórica de los habitantes de la delegación, Enrique Correa Sada sostiene que todo se trata de una estrategia para construir una plataforma política y que jurídicamente el proyecto no prosperará.
Si el diputado panista está convencido de que la iniciativa es inviable, el mejor lugar para demostrarlo no son las entrevistas ni las redes sociales.
Para eso existe el Congreso del Estado. Ahí están las comisiones, el Pleno y el debate legislativo. Ahí deberían enfrentarse los argumentos.
Porque hay una vieja regla en política: cuando un adversario dedica más tiempo a combatir a una persona que a defender sus propias ideas, termina haciéndole campaña gratis. Paradójicamente, quien más ha contribuido a mantener vigente el nombre de Ulises Gómez de la Rosa en la conversación pública parece haber sido su principal opositor.
La segunda pelea parece sacada de los tiempos de preparatoria: «nos vemos a la salida».
El alcalde de Corregidora, Chepe Guerrero, le pidió públicamente a Santiago Nieto que «le bajara unos kilos al taco», recordándole la derrota que sufrió frente a Agustín Dorantes en la elección al Senado.
La respuesta de Santiago Nieto fue breve e irónica. Dijo que no eran dos kilos, sino cinco, y que los pensaba bajar caminando un municipio que, desde su perspectiva, hoy está abandonado por su presidente municipal.
Y hasta ahí habría quedado como una anécdota más de la política local. Sin embargo, casi de manera sincronizada comenzaron a aparecer voces replicando exactamente el mismo mensaje, amplificando el comentario como si el libreto ya hubiera sido repartido con anticipación. Cada quien saque sus conclusiones.
Tal vez esa sea la nueva estrategia: provocar a quien aparece mejor posicionado en las encuestas para intentar ganar reflectores. Es una apuesta válida… aunque no necesariamente inteligente.
Porque una cosa es construir liderazgo y otra muy distinta fabricar pleitos para mantenerse en la conversación pública.
Al final, el problema no es que se peleen. La política necesita debate, contraste de ideas y confrontación de proyectos. Lo que no necesita es este montaje de pleitos con sabor a rating.
Porque si esto es apenas el calentamiento rumbo a 2027, más que una elección parece una función de lucha libre.
Con una diferencia enorme: en la lucha libre, al menos los luchadores sí se suben al ring.
Aquí, muchos siguen peleando desde las gradas, a gritos y a mucha distancia, convencidos de que el ruido sustituye a las ideas y que un pleito fabricado vale más que una propuesta seria.
Y lo más preocupante no es que se desgasten entre ellos, sino que a ese paso terminen desgastando la paciencia de los ciudadanos.
Porque cuando llegue la hora de pedir el voto, podrían descubrir que el verdadero rival nunca fue el partido de enfrente.
Fue una ciudadanía que, cansada del espectáculo, simplemente decidió cambiar de canal.
